Concurso Relatos de Ciencia Ficción en Zenda


Aquí va mi relato de Ciencia Ficción con el que participaré en el Concurso convocado por la página “Zenda”.

Les sugiero que visiten la página, en muy interesante (además de ser preciosa).

 

TANGENTE

Mario había chequeado los instrumentos y todo parecía en orden, sin embargo algo resonaba en el fondo de su conciencia, un aviso de alerta acerca de no sabía muy bien qué. Miró por la escotilla y el universo silencioso lo saludó otra vez desde los puntos lejanos de luz, que formaban estelas y nubes.

Sintió un leve malestar, como un dolor sordo en la boca del estómago  y luego un mareo.  Perdió el conocimiento por lo que le pareció un instante.

“Estoy agotado”, pensó. Pero había cumplido su rutina de trabajo, ejercicio y esparcimiento según los protocolos. Había dormido bien y comido lo suficiente. Por momentos se había sentido un poco aislado y a veces fuera de ritmo después de dejar atrás a sus compañeros en la Base Dos. El viaje de retorno iba a ser un poco aburrido sin Federico, que siempre hacía bromas y sin Milena, que era tan hermosa que valía la pena mirarla. A los demás los extrañaría poco: eran más duros, más rígidos, con su entrenamiento militar y su vocación de conquistadores del cosmos incrustada en el comportamiento cotidiano.

Lo primero que despertó su curiosidad fue el olor: la nave olía a metal y almendras.

Durante el viaje de ida la nave completa, con todos sus cubículos y accesorios lustrosos y recién instalados, tenía un olor a nuevo, como los automóviles recién comprados. Cuando dejó a la tripulación en Base Dos ya los materiales habían sido expuestos al calor intenso de los propulsores y al frío glaciar del espacio sideral y la convivencia humana había perfumado de manera diferente el ambiente, a pesar de los purificadores.

Revisó de nuevo los instrumentos: todo parecía en orden, salvo unas leves diferencias en las lecturas, que lo convencieron de la brevedad de su indisposición. Escrutó por la escotilla frontal y el universo estaba allí, todavía enviando las señales luminosas de su profundo y maravilloso misterio. Por la escotilla derecha, la Base Dos estaría un poco más atrás de la visual normal, así que se inclinó para verla, pero no la encontró. Llamó por el intercomunicador y sólo recibió estática.

Recorrió todas las escotillas, buscando la ubicación de la base donde había dejado hacía unas horas a sus colegas. Miró el mapa tridimensional. Todo coincidía. Pero Base Dos no estaba en la imagen.

Intentó establecer comunicación con la Base Uno. Su instinto le gritaba que alguien debía enterarse y aconsejarle qué hacer, aunque era poco probable que pudiera hacer contacto por la radiación solar. Sin embargo, la Tierra contestó de inmediato. Una voz que no reconoció le dio instrucciones precisas para acelerar el retorno.

Diez días después, cansado como si hubiera cruzado el Universo, se preparó de la manera habitual para el retorno a la atmósfera. La voz en el intercomunicador le pidió que no tocara los comandos. Habían desarrollado un sistema de retorno más seguro y menos exigente durante el tiempo que estuvo lejos de casa.

Cerró los ojos y se dejó llevar. Sólo prestó atención al sonido sibilante del aire acariciando el exterior y al olor a metal almendrado, agudo y penetrante. La nave descendió como si fuera sostenida por una red y depositada en un colchón de plumas. La sensación era en verdad agradable. Sin duda los científicos habían trabajado mucho en esos años.

En la plataforma lo recibieron personas que no conocía pero no le llamó la atención, supuso que habían aplicado la rotación de tareas. El puesto de mando lucía diferente y los jefes eran otros sujetos, más sonrientes y más cálidos. Lo ubicaron en una oficina aislada. Dos de ellos se sentaron frente a él y le hicieron muchas preguntas para que relatara todo su viaje.

No se sintió incómodo hasta que llegaron al momento del incidente. Explicó que lo había atribuido al cansancio, que había respetado los protocolos pero lo había vencido el sueño o alguna debilidad física. Sus interlocutores se habían puesto muy serios. Uno de ellos se puso de pie y se dirigió hacia una de las ventanas. Pulsó un botón y la cubierta opaca se hizo traslúcida.

Afuera el mundo parecía completamente diferente: los edificios que conocía ya no estaban ahí. En su lugar había estructuras blancas y bajas entre matas de vegetación de un verde profundo. No había antenas, ni cables, ni radares. La Base misma era otra, más amplia y limpia, como si se hubiera hecho toda de una vez y no a lo largo de los veinte años que Mario sabía que había costado construirla. Ante su perplejidad, el hombre le dijo:

– No se altere, pronto podremos explicarle todo esto. En principio sabemos que usted no debería estar aquí… No sabemos muy bien cómo llegó hasta nosotros, pero sí sabemos que proviene de otra cuerda temporal, de un universo paralelo… Hemos tenido otros incidentes, pero nunca un sujeto “vivo”…

Mario sintió que se iba a desmayar y se apoyó en la mesa.

– Calma…, intentaremos volver a colocarlo en su continuum de existencia, pero tendrá que tener paciencia… todavía estamos investigando.

2018

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